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01/07/2013

Los bunkers de una muralla militar olvidada entre Hegoalde e Iparralde

El pasado viernes 28 de junio tuvo lugar a las 20:00 de la tarde en la Sociedad Erroko Etxea de Erro la conferencia de Pablo Orduna Portús, La Linea P: Los bunkers de una muralla militar olvidada entre Hegoalde e Iparralde.

A petición de la asociación ELUTSEDER del Valle de Erro que se dedica la recopilación y la difusión histórica, etnográfica y cultural del valle, Eusko Ikaskuntza organizó la conferencia del historiador y socio de Eusko Ikaskuntza Pablo Orduna Portús. La charla sirvió para situar el marco histórico al recorrido que tuvo lugar el domingo por el núcleo de resistencia de la línea P del valle.

El historiador explicó a los asistentes el origen de esta línea de resistencia, surgida en el año 1939, cuando el aislamiento político y militar del régimen de Franco era absoluto. En previsión de que la II Guerra Mundial concluyera con un desenlace adverso su Estado Mayor comenzó el diseño de una estructura defensiva. Dicha ?Línea Maginot? debía emplazarse a lo largo de la cordillera pirenaica con objeto de proteger al régimen militar de sus posibles nuevos enemigos del norte. Esta cadena de bunkers iba a ser conocida con el nombre en clave de ?La Línea P?. Toda esta nueva fortificación sería construida entre 1939 y 1948. Su concepción la hacía soñar con convertirse en una barrera defensiva que pudiera evitar cualquier incursión terrestre e incluso costera. Dependiendo de cada época, el ?casus belli? que le dio sentido fue diferente. En un primer momento, se vio como una muralla que frenaría en cierto modo las correrías del maquis; si bien esta hipótesis es poco creíble. Durante los últimos episodios de la ya mencionada guerra europea, se intuyó como un buen parapeto frente a los estertores de la Alemania Nazi o la fuerza de los victoriosos Aliados. Existía el miedo a que cualquier tropa extrajera traspasara el Pirineo y, tras derrocar -o convertir en un mero títere- al gobierno de Franco acabara con el triunfo y expectativas del gobierno golpista del 36. Para evitar esta penetración en el territorio se hizo un anteproyecto que aspiraba a la construcción de unos 10.000 búnkeres, de los que en la práctica no se edificaron más que la mitad. Pablo Orduna explicó cómo con el tiempo, el ejército español fue perdiendo el interés por semejante infraestructura y tal esfuerzo de ingeniería lo único que dejó fue salpicado el Pirineo de pequeños nidos de ametralladora y algunas plataformas hoy en absoluto olvido. La última revisión militar de todos ellos se hizo en 1980 quedando a posteriori en el más pleno abandono. El historiador navarro analizó cómo fue a partir de ese momento cuando comenzó su imparable e implacable proceso de ruina, sobretodo en el Pirineo vasco. Para concluir, el autor apuntó que en esta franja occidental de la cordillera no se ha hecho ningún esfuerzo de intervención que pueda dar una nueva utilidad turística o didáctica a tal despropósito militar y animó a seguir el ejemplo de otras comarcas catalanas y aragonesas donde sí se han desarrollado acciones de conservación y redefinición de su uso.

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