Emilio Silva Barrera. Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica: La insignificancia se convirtió en una forma de vida

2009-01-09

SALABERRIA, Urkiri

Aprovechando su estancia en Donostia, con motivo de la conferencia que ha dado invitado por Idi Ezkerra, hemos estado con Emilio Silva. La historia de Emilio es como una novela, la misma que él quiso escribir cuando comenzó su aventura, y que seguramente escribirá cuando encuentre el momento: Gracias a una casualidad Emilio Silva consiguió recuperar los restos mortales de su abuelo, un republicano asesinado por los falangistas, quienes abandonaron su cuerpo, como el de otros tantos miles, en una fosa del terror improvisada en una cuneta. Alto, corpulento, tranquilo, entrado en la cuarentena, Emilio nos habla con la ilusión de quien trabaja por intentar transformar el mundo en un lugar donde las personas recuerden y se ejerciten la memoria, para así poder aprender de los errores del pasado y no volver a cometerlos. Emilio sueña con un mundo más justo, un mundo mejor, y no está dispuesto a renunciar a sus sueños. Si alguien le dice que “quien vive de sueños, muere de realidades”, responde con tranquilidad, la tranquilidad de quien sabe que en esta vida, muchos de los que afirman categóricamente que tal o cual es imposible acaban siendo sorprendidos por alguien que lo logró.

¿Qué es la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica?

Somos una Asociación que surge a raíz de la exhumación de los restos conocidos como “Los trece de Priaranza”. Son ya 8 años haciendo exhumaciones de fosas comunes, llevamos 162 fosas comunes exhumadas. Al principio solo trabajábamos en la comarca Leonesa, de un modo muy localizado, pero con el tiempo hemos salido a otras partes del Estado y tenemos reclamadas a casi 10.000 personas por sus familias. En muchos casos, los únicos datos que tienen es que fueron detenidos, o se los llevaron un grupo de falangistas, o acudieron a los ayuntamientos, que en los primeros meses de la guerra eran los centros de detención y no volvieron a saber de ellos.

¿Estas cuestiones, estos hechos de hace “tantos años” no son “cosas del pasado”?

Uno de los grandes problemas de la sociedad española es la incapacidad que tiene para percibir como delitos, las violaciones de los Derechos Humanos que se cometieron durante la Dictadura de Franco, en ocasiones hay personas que lo asumen como “algo del destino”, o “una tragedia que tenía que pasar”. Estos delitos, que son los más graves que existen en el Derecho Humanitario, como son el secuestro y el asesinato y ocultación del cuerpo son delitos permanentes, no prescriben, porque a medida que pasa el tiempo las familias están siendo torturadas hasta que el autor del delito confiese dónde está ese cadáver y puedan cumplir con ese rito, que llevamos haciendo decenas de miles de años, de velar, enterrar y hacer el duelo de nuestros seres amados.

Para una persona que no ha sufrido la desaparición forzosa de un familiar, que no imagina la situación ¿cómo explicarle que es tan importante tener presentes los restos mortales?

Es algo sencillo de plantear. Para ello es importante la edad de las personas, imagínate que vives en un pueblo donde el cementerio es un elemento fundamental, vital para la vida de un pueblo, y que no puedes ir a reconocer la memoria de tu padre; eso es una forma cruel de exclusión. Casi un 30% de las enfermedades metales tienen que ver con la mala elaboración del duelo. Pues hablamos de un país donde millares de personas no han tenido ni tan siquiera la oportunidad de realizar el duelo de sus seres queridos, por lo tanto lo han hecho mal. Hay un caso que me conmocionó y es el de una mujer que se fue a vivir a USA y durante años, cuando tocaban al timbre de la puerta tenía la sensación de que era su padre que la había encontrado, seguía esperándole... hasta que de pronto en una exhumación se identificaron los huesos de su padre, y se dio cuenta de que su padre nunca estuvo a punto de encontrarla porque lo asesinaron 60 años atrás y dejaron su cuerpo en una cuneta. Hasta que no vemos el cadáver, las personas no han muerto, por eso es fundamental localizar los restos, para poder realizar el duelo, algo totalmente necesario para que el ser humano pueda asimilar medianamente algo tan incomprensible como es la muerte. En estos años, además de las exhumaciones hemos ayudado a cientos de familias que no saben nada de sus familiares desaparecidos durante la guerra.

¿Pero eso no se cura de una generación a otra?

No, porque siempre queda una laguna, cuyos efectos se trasladan de generación en generación. Tengo una conocida que me dijo hace poco, “no sabes qué dura es la vida cuando jamás has visto sonreír a tu madre”. Era la nieta de un desaparecido, y eso a ella, dos generaciones después le afecta, y, de un modo u otro, sus hijos también estarán afectados, porque la emoción con que te educan es muy distinta si tienes una madre o un padre que nunca han sonreído, que nunca han estado alegres contigo. Los desparecidos dejan una huella que se hereda, y la única forma de que lo que se herede no sea negativo es reparándolo. Estamos en una sociedad llena de agujeros, y la única manera de solucionarlo es reparar esos agujeros.

Ha hablado de desaparecidos en la guerra ¿Trabajan también con combatientes desaparecidos?

En principio nosotros no trabajábamos con fosas del frente de guerra. Pero sucede que hay gente que tienen el recuerdo de que sus parientes estuvieron en la guerra, pero como nunca hablaron del tema (en muchos casos ha sido un tabú), pues ahora que comienzan a ver que algunas personas se están moviendo pierden un poquito de miedo y se atreven a preguntar.

Pero habrá algún tipo de censo público o archivo de la Guerra Civil en el que puedan consultar, ¿no?

Pues a pesar de estar ya en pleno S. XXI, no. Es más, el Gobierno aún no tiene una oficina de atención al ciudadano en la que atiendan a estas personas que llevan años dando tumbos de un sitio para otro, buscando sin saber bien ni por dónde ni cómo algún rastro que le lleve a encontrar los restos de sus familiares. No estoy diciendo que tengan que habilitar unos recursos única y exclusivamente para eso, sino que en los que existen hoy en día se puedan cubrir esas necesidades y no se repita algo que nos viene sucediendo últimamente y es que nos llaman personas derivadas del Ministerio de Presidencia, lo cual da la medida de la dejadez que el Gobierno está teniendo con estas personas.

No termino de comprender el tema de la dejadez del Gobierno...

Pues que no es comprensible que teniendo una Comisión Interministerial para las Víctimas de la Guerra Civil y de la Dictadura Franquista, no sean capaces de atender a las personas, víctimas y familiares, y que tras marearles por las distintas Administraciones acaben derivándolos a nosotros y esas personas deben solucionar sus problemas contactando por e-mail, o por teléfono con alguien que está desarrollando esta labor de forma voluntaria y en su tiempo libre. Durante más de 70 años, ha habido gente que ha solicitado ayuda y se le ha negado esa ayuda, con un silencio administrativo escalofriante.

¿Cómo es su labor? ¿Con qué apoyos cuentan?

Si nos remontamos al año 2000, nos encontramos exhumando la primera de nuestras fosas. Allí estaban desde Aranzadi, Lourdes Errazti y Paco Etxeberria, dos personas que se han implicado absolutamente en este tema, que han exhumado decenas de fosas y ayudado a cientos de familias, tanto desde el punto de vista arqueológico y forense, como en el trabajo de explicar sus herramientas de trabajo.

El momento de la exhumación es fundamental para los familiares que están teniendo una vivencia angustiosa y es muy importante explicarles qué está pasando. El detalle y el cuidado con el que se hace el trabajo arqueológico, forma parte del cuidado que reciben los familiares, y en ese sentido, tanto Paco como Lourdes, son exquisitos y tienen mucha sensibilidad a la hora de que los familiares formen parte de ese proceso.

Debe ser impactante desenterrar de una cuneta los restos desaparecidos durante tantos años de tu padre, o tu abuelo...

Para ese momento, tenemos un convenio con Psicólogos sin Fronteras, quienes de forma voluntaria se acercan a las exhumaciones a ayudar a las personas que están pasando por este trance, pero quien nunca está presente es el Estado. Eso es incomprensible, porque países que han vivido estos procesos como Guatemala, El Salvador, Chile, Argentina,... en Sudáfrica, incluso en Marruecos, reinando el hijo de quien provocó las desapariciones, en todos estos países es el Estado quien, respondiendo al contexto social creado por la sociedad civil, asume estas labores. Aquí, eso no está ocurriendo, algo denunciado por Amnistia Internacional, por el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas y otros organismos internacionales y son estas miles de familias víctimas de los delitos de la Guerra Civil Española y de la Dictadura Franquista las que desamparadas por el Gobierno Español se tienen que “autorreparar” del daño que les causaron.

Pero ¿no mandan desde el Estado Español ayuda humanitaria para colaborar en las exhumaciones de fosas comunes a estos países que ha mencionado? ¿No es un tanto paradójico?

Es cierto que el Ministerio de Justicia acaba de enviar un grupo de forenses a Argentina para aprender a hacer exhumaciones allí, pues las podían hacer aquí, con expertos como Paco Etxeberria. Aquí mismo podrían aprender y además ayudar a muchísima gente que lleva tantos años esperando una reparación. Es incomprensible. Tiene mucha gravedad que en un país de la Unión Europea, que habla de ser una las grandes potencias del mundo, estos Derechos Humanos fundamentales, estén garantizados por un grupo de voluntarios. El drama de estas familias es terrible porque además de perder a sus seres queridos asesinados, vivieron durante cuarenta años gobernados por sus asesinos teniendo que convivir con ellos. Sucedían cosas como que el cartero del pueblo fuera el asesino de tu padre o de tu marido o de tu hijo y cada dos o tres días llamaba nuevamente al timbre de tu casa y tú tenías que abrirle la puerta de tu casa y verle la cara y guardar silencio, pero es que ocasiones esos asesinos se quedaron con las casas familiares de los asesinados , con sus negocios.... obligados a guardar silencio de modo que la insignificancia se convirtió en una forma de vida, y tuvieron que negarse como personas para poder sobrevivir. Es más, casi un 90% de los millones de emigrantes que salieron de España en la década de los 50 y 60, eran los hijos de los perdedores de la Guerra Civil, pero sobre todo porque apenas tenían opciones al lado de los hijos de los ganadores, quienes consiguieron toda una serie de prebendas y puestos vitalicios (que se “asimilaron” sin ningún tipo de depuración en la Transición), y buscaron un terreno neutral donde poder desarrollarse personal y profesionalmente sin los escollos que les ponía la Dictadura. Pero lo más trágico es que treinta y tres años después de la muerte del Dictador Franco, nadie aún se ha encargado de repararles este daño, con lo que esta forma de vida insignificante se sigue manteniendo a pesar de la transición, y los treinta años de democracia.

Pero estas personas que aún no han sido reparadas, ¿tendrán ya una edad considerable?

Por supuesto. Por eso es un tema que no puede demorarse más en el tiempo, y está claro que aquí en el País Vasco se han hecho muchas cosas a través de la Sociedad de Ciencias de Aranzadi, seguramente en respuesta a esa preocupación que surge desde la Sociedad. Ojalá estas acciones se dieran de una manera sistemática en el resto del Estado, o mejor aún, ojalá este tipo de acciones fueran el fruto de una política de Estado. Y declaraciones como las del presidente del Estado Español Rodriguez Zapatero el 20 de noviembre de 2008, el día en que debiéramos celebrar el aniversario de la muerte de un Dictador, en las que hizo unas tristes alabanzas al olvido no las puedo comprender, no solo por el debate que estamos viviendo en la actualidad, y no solamente por el tópico de que uno no olvida para no volver a cometer los mismos errores, o que uno olvida para repetirlos, sino que el derecho a conocer el pasado es un derecho básico de los ciudadanos. Porque sin el pasado actuamos sin saber exactamente lo que somos. En la vida política presente en el Estado Español son muy fáciles de ver cuestiones de cultura política que vienen directamente de la Dictadura Franquista, hábitos que todavía no han desaparecido.

Así como el Juez Baltasar Garzón encausó al Dictador Pinochet y abrió una vía de reparación para sus víctimas, ¿no se puede hacer algo similar para las víctimas del Dictador Franco?

Eso son cuestiones judiciales que es mejor que sean respondidas por un o una Juez. De todos modos, numerosos organismos de Derechos Humanos están pidiéndole al Estado Español que derogue la Ley de Amnistía, que se organice una Comisión de la Verdad y que se normalice en España la situación de lo que pasó durante la Dictadura tal y como se está haciendo en otros países. Ahora mismo en Argentina, a raíz de estas revisiones se han detenido a unos treinta militares y algún miembro de la Iglesia, y es algo que debiera de hacerse aquí, puesto que no se les puede seguir negando la Justicia a estas familias. Tras la inhibición del Juez Baltasar Garzón vamos a comprobar si la orden o invitación de que sean los Juzgados provinciales de Primera Instancia los que se ocupen de las exhumaciones nos facilitan el camino.

De todos modos, tengo entendido que no es la primera vez que se dirigen a un Juzgado de Primera Instancia...

Así es. En años anteriores hemos tenido un amplio abanico de respuestas en estos juzgados. Por ejemplo, en cuatro casos, en los que las titulares de los juzgados eran mujeres, en esos cuatro casos, se preocuparon de abrir diligencias, de tomar muestras de DNA enviarlo al Instituto Toxicológico e identificar los restos de estas personas, todo ello con cargo al Estado, y en otros casos, aún esperamos una respuesta. Incluso en algún caso, en Asturias, una juez intentó paralizar una exhumación. Es nuestro deseo que el Estado Español, de una vez por todas, se haga cargo de esta reparación y ponga las herramientas necesarias para hacer esta labor. Emilio Silva Barrera (Elizondo, 1965) Periodista y uno de los fundadores y presidentede la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, un colectivo que lleva años buscando los lugares en los que fueron enterrados únicamente víctimas de la represión en la zona franquista durante la Guerra Civil Española y la posterior dictadura. Licenciado en Sociología Política, ha dedicado la mayor parte de su vida profesional al periodismo. En marzo de 2000, Emilio Silva localizó en Priaranza del Bierzo (León) una fosa común en la que habían sido enterrados trece milicianos republicanos ejecutados por falangistas el 16 de octubre de 1936. Uno de esos hombres era su abuelo. En septiembre de 2000 publicó un artículo en La Crónica de León titulado: “Mi abuelo también fue un desaparecido”. En él se lamentaba de cómo la sociedad española había celebrado el conocido como caso Pinochet y no se hacía nada por la búsqueda de los miles de hombres y mujeres que habían desaparecido durante la guerra civil asesinados por los sublevados, olvidando los represaliados por las milicias republicanas. A raíz de la exhumación de la fosa en la que se encontraban los hoy conocidos como “los trece de Priaranza” y en vista de la cantidad de personas que se dirigieron a él para pedirle ayuda en la búsqueda de sus familiares desaparecidos fundó, junto a Santiago Macías, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, de la cual es presidente. Dicha asociación se ha dedicado a la búsqueda de desaparecidos republicanos, exhumando numerosas fosas comunes y aportando abundante documentación a personas que durante décadas no habían sabido nada sobre el paradero de sus seres queridos. Emilio Silva es, junto a Santiago Macias, autor del libro “Las fosas de Franco”, en el que cuentan los resultados de su trabajo y explican las razones que les mueven a seguir adelante. Hoy en día, Silva continúa con esa labor de localización de fosas desde la asociación, al tiempo que reclama al Gobierno que asuma las responsabilidades que le corresponden. Su trabajo tenaz ha logrado abrir el camino para que los desaparecidos españoles durante la Guerra Civil y la posguerra encuentren un hueco en las agendas políticas.
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