Los txistus de Eusko Ikaskuntza

Mendeurrena

2018/11/20

Los txistus de Eusko Ikaskuntza

Un apoyo al mundo del silbo en tiempos difíciles.

Emilio Xabier Dueñas[1]

La historia de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos (EI-SEV) no está unida, exclusivamente, al mundo científico-académico del espectro vasco en un tiempo en el que era necesario cubrir el hueco por falta de universidad propia. Sus comienzos se definen claramente, por la organización y realización de Congresos en los que las conferencias impartidas por expertos ocupan un lugar preferente pero, también, donde las actividades extra académicas y culturales tenían su rincón: juegos y deportes, música y danza.

Txistu de boj repartido por Eusko Ikaskuntza. Entregado a Juan Mari Beltran en Añorga, aproximadamente en 1965.
Foto: Emilio Xabier Dueñas
Txistu de boj. Adquisición reciente para Eusko Ikaskuntza.
Foto: Arantza Cuesta Ezeiza
San Telmo Museoko soinu eta hots tresnak (p. 57).

 

De hecho, los cuadros de danzas y la ejecución de un Aurresku en cuerda por parte de autoridades y algunos de sus miembros relevantes, sirvieron de colofón al primer Congreso celebrado en Oñati en 1918, así como en los posteriores (cuarto y quinto). Una vez finalizado el mismo, observando ciertas carencias y el apoyo que se debía dar al apartado popular, la Sección de Arte aprobó una medida interesante para el mundo de la música tradicional en general y del txistu en particular[2]:

 

6. Existiendo en los pueblos pequeños jóvenes caseros que aprenderían con gusto el «chistu» si estuviera en su posibilidad el poder comprarlo, y comprendiendo que, tal vez, en un pueblo o en un valle, de un jóven de estos puede depender la conservación de un baile o de una variante de él que importa conservar, el Congreso suplica a las Diputaciones procuren regalar algunos «chistus» a aquellos de quienes según personas entendidas, pueda sacarse algún partido artístico.

6’gna. Baseritaren artean gasterik asko dago txilibitua joten, erosteko ba’leuko, pozik ikasiko leukena. Duin diran gasteoi txilibitua emon egin bear litzakioe. Askotan oretariko gasteen batek eri aldien baten bere txilibituaz dantza-eraen bateri eutsen leyo ta bear ba’da galtzen itxi ez. Aldundien lepotik emon bear litzakez txilibituok.

 

Artesanos del txistu

La propuesta aprobada en el seno de EI-SEV, tuvo su continuidad con la labor de los Padres Capuchinos del Colegio de Lekaroz (principalmente la del P. Hilario Olazaran de Estella), quienes colaboraron como intermediarios ante los diferentes artesanos de la localidad navarra de Arantza.

El primer fabricante de txistus que trabajó en su cometido fue Juan Miguel de Biurrarena (1849-1935), natural de Arantza; el que fuera unos años después el primer presidente honorario de la Asociación de Chistularis.

De la precariedad de su situación, nos habla el Pater Augustinus de Lizarra (Agustín Olazaran Salanueva), hermano mayor del P. Hilario y residente en el mismo Colegio. En carta de fecha 12 de diciembre de 1922, nos detalla su visita y las ocupaciones de este que le ralentizan en su labor:

“El fabricante es un anciano que habita en lo más escondido del Pirineo, entre Mendaur y Artikutza. Hace año y medio lo visitamos en su caserío de Ixkibo. Y vimos que el pobre no puede aumentar la producción; por los instrumentos rudimentarios que emplea y por las múltiples ocupaciones de su actividad: carbonería, calera, carpintería, relojería, dentista, leñador, agricultor, pastor... Le hemos transmitido el último encargo de Ud.; y ha avisado que que [sic] vendrá pronto a traernos algunos”

Hasta abril de 1929, los txistus continúan siendo de “Ixkibo”, tal y como lo atestigua el P. Donostia, cuando solicita que la Sociedad haga efectivo su pago. Le sucede, ni más ni menos que un afamado txistulari como lo era Isidro Ansorena Eleicegui (1892-1975), perteneciente a una saga que comienza con su padre y hermanos, y continúa en la actualidad, sin corte generacional, con su nieto Jose Ignazio Ansorena.

De izquierda a derecha: Juan Miguel de Biurrarena, “Ixkibo”, preparado para vender sus  txistus. (Txistulari 2, p. 1);
Isidro Ansorena en su taller. (Txistua eta Txistulariak = El Txistu y los Txistularis de Jose Luis Antsorena, p 82 (Archivo Eresbil);
Teodoro de Larralde en su taller. (Tratado de txistu y gaita del P. Olazaran de Estella, p. 87).

 

Finalmente, el tercer artesano, conocido como “el sucesor de Biurrarena”: Teodoro de Larralde (1878-1964)[3]. Aprendió el oficio de carpintero-ebanista de Martín José Michelena, de Bera, y específicamente el de elaboración de txistus del mismo Biurrarena.

De un repaso somero y ajustado a la información existente en el Archivo Histórico, hemos obtenido el siguiente reparto de instrumentos fabricados con boj: Juan Miguel de Biurrarena, “Ixkibo” (años 1920-1928 y 1933), 84 txistus; Isidro Ansorena (año 1929), 50; y Teodoro de Larralde “sucesor de Biurrarena” (años 1930-1932), 158. En general a un precio la unidad de 10 ptas. De Biurrarena aparecen también cuatro de ébano y de artesanos desconocidos seis de caoba, uno de cedro y 2 de palo santo.

Los txistus, en una proporción desconocida, llevaban una inscripción junto a la embocadura: “Eusko Ikaskuntza’k Emandakoa”. Existe una factura por la grabación de 166 txistus efectuada por Juan Múgica, de Donostia, cuyo importe ascendió al importe de 558 ptas.

 

Solicitantes y receptores

Los instrumentos se fueron fabricando, como no podía ser de otra forma, de manera totalmente artesanal, llevando un tiempo importante de cada artesano. Poco a poco, se fue solventado el número de peticiones.

Dibujos de acompañamiento a la carta enviada el 30 de
octubre de 1922 por Birgala’tar Bingen desde Gasteiz.
Archivo Histórico EI-SEV.

 

Las solicitudes generalmente se recibían vía carta postal. Lo habitual era una petición formal de un silbo, txistu o chistu, pero también hay quien especificaba otras necesidades mayores, como todos los instrumentos de una banda de txistularis (2 txistus, 2 tamboriles, 1 silbote y 1 atabal).

Entre los solicitantes observamos nombres conocidos: Tiburcio Ispizua, colaborador en el Anuario de Eusko Folklore; el txistulari Isidro Ansorena en nombre Amaikak-Bat; el empresario y mecenas Manuel de Inchausti; Manuel de Irujo y Ollo, abogado y político; Jaime del Burgo[4]; Bonifacio de Echegaray, jurista, miembro de Euskaltzaindia e infatigable escritor en diferentes publicaciones; o Vicente de Aguirrebarrena, coadjutor-organista en el Colegio de Lekaroz quien tiene intención de “implantar el txistu para desterrar el infernuko auspoa”, entre otros.


El P. Hilario Olazaran de Estella.
Baztango folklorea. Donostia: Kea, L.G. 1991.

 

Sin embargo, el mayor número de peticiones llega de los batzokis, euskal etxeak, eusko gastedijak y centros vascos del país (Eibar, Hernani, Bilbo, Agoitz, Astigarraga, etc.) y alguno que otro del exterior (Madrid, Barcelona, Buenos Aires o México). En unas ocasiones, como necesidad para formar a sus músicos, en otras para su uso musical con los cuadros de ezpata dantzaris.

Dentro de la variedad de misivas solicitando el instrumento, no podemos dejar de lado una carta curiosa, de fecha de 22 de agosto de 1930, de Alberto M. Losada, con el anagrama de la entidad donde trabaja (Banco Urquijo Vascongado), en la cual expone:

“10,30 mañana, Plaza Circular. En este momento han atravesado esta Plaza Circular los cien Txistularis que toman parte en el alarde esta villa.

Entusiasmado ante tan formidable demostración de nuestro arte y noticioso de que esa Sociedad envía gratuitamente (…) quisiera aprender a interpretar la bella música de nuestra raza”

Muchos de los solicitantes consiguieron el preciado obsequio. Sin embargo, durante un tiempo, las contestaciones fueron negativas debido, principalmente, a la escasez de txistus.

Según la información revisada en el archivo, el primer envío hallado de un txistu se produce según carta fechada el 21 de mayo de 1921. En la misma, dirigida a Félix de Zubizarreta como intermediario de Ciriaco Garay, se le hace una recomendación “… para que éste promueva en Bakio la afición a nuestras música y danzas populares”.

A partir de 1928 el reparto es más constante. Un número importante fueron a parar a los centros religiosos: el Colegio de Lekaroz; los Padres Capuchinos de Altsasu; los Jesuitas de Gasteiz; los Oblatos de Urnieta; o las Escuelas Ave María de La Rochapea de Iruñea. Defienden su uso y expansión, en mayor o menor medida, como contrapunto a la “invasión” del entonces en moda y pujante, acordeón.

Factura emitida por Teodoro de Larralde.
Archivo Histórico EI-SEV.

 

Txistularis bien conocidos (Félix Ascasso, Manuel de Landaluce, Sandalio Tejada, Policarpo de Larrañaga, Emeterio Madaria o el txistulari de Amaiur) y otras personas ligadas a la música y la cultura (Francisco Escudero, Eduardo de Gorosarri o Enrique de Eguren) inciden en la falta de recursos de la juventud y un apoyo denodado al oficio, poco a poco devaluado por la entrada de otros instrumentos y bandas de música.

 

Centenario reconocido

Sin duda, a más de uno/a relacionado/a con EI-SEV extrañará el esfuerzo continuado, llevado a cabo durante, al menos, 18 años, en pos de extender el uso del instrumento musical, en un tiempo complicado para su supervivencia. “Agarrado” (“baile al agarrao”), acordeón, bandas de música, modas estéticas, industrialización, continuos cambios en el orden político… todo contribuía al tambaleo de los llamados “pilares tradicionales”.

En muchas ocasiones la contestación a las cartas recibidas es “no hay” (txistu). Cosa que cambia, a veces, con el envío posterior cuando llega una nueva remesa del artesano. La irregularidad existente en el primer periodo del proyecto, entre los distintos factores o proceso (producción y distribución), incluían la reiteración de situaciones entre las partes.

Han pasado muchos años pero todavía hay txistus de alguno de nuestros ya fallecidos artesanos. Conocemos la existencia de tres: en el museo de Soinuenea en Oiartzun, propiedad de J. M. Beltran; en el museo San Telmo en Donostia; y la última adquisición por parte de J. A. Ormazabal para EI-SEV.

Embocadura del txistu de boj y chapa
con la leyenda “Eusko Ikaskuntza’k Emandakoa”.
Propiedad: Juan Mari Beltran.
Foto: Emilio Xabier Dueñas

 

Tal vez desafinados, quizá con grietas o desperfectos, pero son una parte de la historia. Una historia, con larga trayectoria, con no menos obstáculos, de un instrumento tan querido que nos ha servido, y sirve, para manifestarnos simbólica y musicalmente: notas que acompañan al centenario de una institución que busca su espacio en la amalgama y pluralidad cultural en la actualidad, pero que no debe olvidar su pasado… el lejano y el más próximo.

 

[1] El autor agradece sinceramente la indudable labor investigadora del que fuera Secretario Técnico de EI-SEV, José Ángel Ormazabal, sin cuyo trabajo no hubiera sido posible este breve artículo. Durante varios años de la década de 1980 se dedicó, en su tiempo de ocio, a recabar información y documentación en el Archivo Histórico de la Sociedad, elaborando un material que conforman tres archivadores, “Notas sobre Música y Danzas”, del periodo comprendido entre 1918 y 1936.

[2] Primer Congreso de Estudios Vascos… 1918. Sección V Arte. Reuniones de la Sección: Conclusiones = Erabakiak  Música popular = Erri-eresia (pp. 859-860).

[3] Interesante estudio específico sobre Teodoro Larralde realizado por Juan Garmendia, titulado “El carpintero. Confección del txistu”. Versión en castellano en: Artesanos de la regata del Bidasoa: Sumbilla, Aranaz y Yanci, Juan Garmendia Larrañaga bilduma 9. Donostia: Eusko Ikaskuntza, 2007; pp. 49-53. En internet: http://www.eusko-ikaskuntza.eus/eu/argitalpenak/artesanos-de-la-regata-del-bidasoa-sunbilla-aranaz-y-yanci/art-16047/ (consultado el 15/11/2018). Versión en euskera “Zurgiña”, en: Bidasoaldeko eskulangilleak: Sunbilla, Arantza eta Igantziko etxe-lantegiak. Juan Garmendia Larrañaga bilduma 8, pp. 43-48. En internet: http://www.eusko-ikaskuntza.eus/eu/argitalpenak/bidasoaldeko-eskulangileak-sunbilla-arantza-eta-igantziko-etxe-lantegiak/art-16045/ (consultado el 15/11/2018).

[4] Con toda probabilidad se trate del que años después sería político y director de Bibliotecas y Turismo de la entonces Diputación Foral de Navarra.

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