Javier Aguirresarobe y José Luis Rebordinos. Director de Fotografía y Director del Festival de Cine donostiarra: El cine sigue teniendo la magia de las historias contadas en torno al fuego

2016-12-07

AGUIRRE SORONDO, Juan



La revolución tecnológica ha transformado el modo de hacer y de ver cine. ¿Cómo observan esta mutación?

Javier Aguirresarobe (J.A.): Yo creo que estamos viviendo un cambio tecnológico muy intenso, que efectivamente ha hecho que se cambie la mentalidad en muchísimos aspectos de la producción, de la exhibición y también de la forma de hacer cine. Yo lo califico, sinceramente, como un cambio tremendamente positivo, por varias razones. Simplifica muchísimo los medios de realización de cine, teniendo en cuenta que el sistema digital es un sistema que simplifica muchísimas cuestiones con resultados bastante óptimos en este momento. Y después, en relación con lo que puede ser el cambio en cuanto a las costumbres de la gente y su relación con la sala oscura y el ser espectadores en los teatros, en los cines, etc., tengo que decir que ahora el cine se está viendo de otra forma. Hay gente que va a echar de menos el no ir al cine, pero hay otra gente que no le importa verlo de otra manera. Y realmente estoy absolutamente seguro que nunca se ha visto tanto cine como se ve ahora, tanto las grandes películas como las pequeñas películas.

La revolución tecnológica, esta digital y la simplificación, siempre se habla de que puede ser propicio para que se hagan pequeños proyectos, y es cierto. Se pueden hacer cosas con menos presupuesto. Pero soy testigo de proyectos gigantescos donde realmente se produce con medios tecnológicos digitales, donde se aplican las mejores técnicas y son absolutamente y exageradamente caros. Por lo tanto, es un arma de doble filo. Puedes hacer lo mínimo y puedes hacer también lo más costoso, y desde un punto de vista de producción, lo más caro y apto para grandes producciones.

José Luis Rebordinos (J.L.R.): Comparto en general lo que has comentado. Además, yo pienso que revoluciones tecnológicas ha habido siempre; es decir, fijaros, la del paso al sonoro, o al color. Entonces, yo creo que esta es otra, son avances y yo tiendo a ser optimista, pienso que con el paso del tiempo las cosas suelen mejorar a pesar de las dificultades. Creo que estamos en un momento que ofrece muchas posibilidades. Por un lado, esa posibilidad de hacer proyectos más baratos, esa democratización de la posibilidad de hacer una película. Y en el fondo son formas diferentes, pero siempre lo importante es seguir contando historias que hoy se cuentan digitalmente y antes se contaban con celuloide... Y se seguirán contando historias siempre.

Lo que sí creo es que hoy en día —y has comentado esto antes— la gente joven y la gente en general, ve más imágenes y sonidos que nunca, se ve más audiovisual que nunca, de otras maneras. Un chaval, hoy, con 16-18 años ha visto ya muchas más imágenes que las que veía yo entonces que era un aficionado loco al cine.

¿Que algunos seguimos teniendo cierto romanticismo y nos gustaría ver cierto tipo de producciones en pantalla grande? Yo creo que se van a seguir viendo. Creo que va a seguir habiendo un espacio para el cine en pantalla grande, que vamos a poder ver muchas cosas y recuperadas en pantalla pequeña a través de los diferentes dispositivos electrónicos. Yo creo que fundamentalmente este avance tecnológico, la digitalización, ha traído solamente ventajas. Como programador nos permite proyectar con mucha más facilidad, de una manera más segura, más fiable, más barata (los costes de transporte, los costes de reproducción...). Fundamentalmente creo que han sido todo ventajas, casi todo ventajas y muy pocos inconvenientes.

J.A.: Quería comentar una cosa que has mencionado que me parece fundamental y es que todo el mundo tiene un acceso más próximo al cine y a su lenguaje. De ahí que, ahora mismo un chaval de 18 años puede tener una determinada madurez en lo que respecta al conocimiento del lenguaje cinematográfico, porque precisamente instrumentaliza o puede instrumentalizar lo que él ve y puede digerir lo que él ve de otras experiencias, de otra forma a como nosotros nos ha tocado vivir que ha sido yendo a una filmoteca, ver una película de vez en cuando, analizarla y verla repetidamente, cuando en este momento ya se puede decir que uno tiene la posibilidad de verlo todo.

J.L.R.: Es verdad, además, que hay más información en general que nunca —no sólo audiovisual—, pero también es verdad que vamos a tener que aprender cada vez más a discernir qué tiene interés y qué no. Porque la democratización de cualquier lenguaje genera un montón de discursos, unos interesantes y otros no. Ahora que el bombardeo es tremendo la educación audiovisual cada vez es más importante y habría que incorporarla a todos los planes de estudio, porque realmente nuestros jóvenes aprenden el mundo a través de imágenes y sonidos, y es verdad que tenemos que darles instrumentos para poder reconocerlos e interpretarlos de la mejor manera posible. “Realmente estoy absolutamente seguro que nunca se ha visto tanto cine como se ve ahora, tanto las grandes películas como las pequeñas películas”.

¿Se dice que las artes narrativas empezaron contándose historias en torno al fuego. Fuego con el que luego se “escribirán” las películas. ¿En qué medida el cine actual conserva ese carácter mágico y social?

J.L.R.: Yo creo que el cine sigue manteniendo ese carácter mágico. Yo sigo emocionándome cuando de pronto me planto en una sala a oscuras y veo una película que me transmite cosas, que me cuenta cosas.

En el caso de Javier, además, yo que soy un gran admirador de su fotografía... Hoy en día ha hecho ya de todo, ha sido capaz de hacer de todo... Pero esa fotografía donde él se mueve, en ese umbral de la luz, en ese límite, en ese matiz tan pequeñito, ese sí que me recuerda mucho a ese fuego crepitando. Un cine que hay que mostrarlo en las mejores condiciones para poder apreciar ese trabajo.

Yo sí creo que sigue manteniendo ese carácter mágico e incluso cuando lo vemos en el ordenador —puede ser en tu casa— te sigue emocionando. Y ese carácter social... porque los jóvenes igual no van tanto a la salas, pero en casa comentan las películas con sus amigos, en una película se llaman, toman al día siguiente una cerveza y hablan de la película. El cine sigue concitando opiniones, sigue concitando una dialéctica alrededor del cine, nos cuentan historias y nosotros contamos cosas sobre esas historias. Yo sí que creo que el cine sigue teniendo ese carácter mágico y la luz es fundamental para ello.

J.A.: Yo voy a hablar del fuego como la base del hecho de contar historias, de contar historias alrededor del fuego, de crear la posibilidad de que una historia se pueda transmitir visualmente. Yo creo que eso no ha variado para nada. Siguen contándose historias, se habla de entretenimiento, se habla de otro cine... El cine sigue siendo lo mismo: la transmisión de emociones, para mí. Las películas que no transmiten ningún tipo de emoción quedan en el vacío, el espectador se queda absolutamente hueco respecto a lo que ha visto y piensa que esa película no le ha dicho nada, y le parece mala. Las películas que transmiten emociones, que transmiten un interés, un interés estético, puede ser, pero fundamentalmente ritmo para que el espectador esté atento a la pantalla porque se crea un misterio, porque te hace llorar, por lo que tú quieras, eso seguirá siendo la base del cine.

Y antes hemos hablado de los medios, y los medios están para que eso quepa en un producto que después se pueda transformar en una imagen que la gente pueda ver sentada en su casa o en una sala de proyección. Pero, para mí, el contar historias el tiempo no ha cambiado esa posibilidad, lo que sí puede haber cambiado y cambiará es la textura de una imagen que puede ser diferente en estos momentos, el tipo de historias posiblemente, hay cosas que interesan ahora de forma diferente respecto a las anteriores generaciones. A mí me da mucha pena, por ejemplo, que películas que me han emocionado muchísimo y de autores, no sé, del cine italiano, por ejemplo Blow-up de Antonioni, películas muy abruptas y difíciles, que las pueden poner gratis en una sala y no va nadie, las detestan. También en esa época del cine vamos a decir que nosotros valorábamos quizá otros aspectos del lenguaje, pero hay lenguajes elementales que siempre crean interés en el espectador y yo creo que eso siempre perdurará. “Creo que el cine sigue manteniendo ese carácter mágico. Yo sigo emocionándome cuando de pronto me planto en una sala a oscuras y veo una película que me transmite cosas, que me cuenta cosas”.

Mucho antes de que se empezara a hablar de globalización, el cine era ya un fenómeno cultural globalizado. En las actuales coordenadas, ¿cuál es la geografía mundial del sector?

J.A.: El cine se ha globalizado y siempre ha estado globalizado, pero bueno, en cierta forma otro tipo de globalización. Nosotros hemos podido ver desde pequeños las películas americanas y hemos tenido acceso a otro tipo de cinematografías que ahora son más complicadas. Yo me acuerdo que el neorrealismo italiano para nosotros era algo único, y quizá un chaval no sabe lo que es el neorrealismo en este momento. Me acuerdo de la incursión de la nouvelle vague francesa, y me acuerdo de las películas que hacían los polacos que eran otro mundo, o las películas checas o las películas del Telón de Acero, esto que suena ahora como algo terrible, aquello era bastante cotidiano, eran películas que nos asombraban muchísimo. Eso quiere decir que nosotros teníamos acceso a todas las películas posibles que se hacían en el mundo... quizá algunas películas asiáticas no llegaban a nosotros, o quizá no se hacía suficiente cine latinoamericano para que las pudiésemos ver.

En este momento, ¿qué es lo que está pasando? Me aventuro a decir que lo que está pasando es que la gente accede a las películas de las que tiene algún tipo de información. Así como entonces estaba la estrella cinematográfica, también acuden a las películas en las que haya un casting determinado o a las películas que de alguna forma han tenido algún tipo de afirmación como película o como historia en los festivales, que para eso están los festivales. Y yo creo que poco más. Detrás está la gran industria de la distribución: los grandes estudios que asignan las películas, los grandes paquetes de películas, a las grandes casas de distribución y acceder a esas casas de distribución supone un largo y doloroso camino sobre todo para las películas que llamamos “independientes”. Hay algunas películas independientes que se rescatan porque van a festivales, el espectador las acoge como películas únicas y fantásticas y entonces el distribuidor considera la posibilidad de comprarlas y entonces vemos esas películas. Pero quedan en el cesto muchísimas películas, de las cuales puedo decir que seguramente hay cosas interesantísimas, y situaciones frustrantes para productores, directores, gente y equipo que las ha hecho de alguna forma.

¿En qué consiste la globalización?, ¿cuál es la respuesta a todo esto?, ¿cuál es el futuro? El futuro va en esa dirección, las películas tienen que conseguir su notoriedad y las que no consiguen la notoriedad o no necesitan de notoriedad son esas grandes películas que ya están vendidas de antemano, que ya se habla de ellas antes de hacerlas. ¿Por qué? Porque son interpretadas por determinados personajes, o tratan temas de absoluto entretenimiento que la gente las conoce por otros medios, ya sean los comics o esa novela de gran éxito, etc. Y ese es el camino. Por eso, todo el mundo antes de emprender la batalla por organizar una película lo que hace es saber si el interés de esa película lo puede encontrar antes y puede motivar a la gente para que la pueda ver, y en ese aspecto aunque el inicio de la producción sea independiente ya pueda tener después la posibilidad de la venta a una distribuidora, que son realmente los que mueven el mercado.

J.L.R.: Yo comparto contigo un poco la explicación de lo que está pasando ahora pero no tanto lo que pasaba antes. Esta globalización ha traído, tal vez, que hay demasiada información difícil de manejar, quitando esas películas que ya vienen por los circuitos, como has comentado, con las majors de las grandes distribuidoras y productoras. Pero la ventaja que nos ha traído es que tenemos una información más real de lo que está pasando. Por ejemplo, cuando yo era joven nos llegaba el cine oriental y veíamos Kurosawa, veíamos Ozu, pero ni sabíamos prácticamente que existía Kinoshita o Naruse, porque los especialistas no hablaban prácticamente de ellos. O yo me acuerdo la sorpresa que fue para mí ver —ya en una época bastante adulta— todo el cine de Dreyer. Parecía que la gran película de Dreyer era la de Juana de Arco, pero casi nadie había visto las películas mudas. Hoy en día puedes acceder por Internet a prácticamente a toda la obra de Dreyer. Sí que creo que esa globalización lo que nos permite es que cuando te interesa algo poder acceder a ello. Es verdad que esa época, cuando yo era joven, tenía una cosa muy buena, y es que había unos circuitos de cine interesantes, los cineclubs..., que nos llegaba todo ese cine que estaba ahí, pero se quedaba fuera un cine que ahora podemos llegar a él.

¿Cuál es el problema ahora? Tener la información de cuál es el cine que puede ser interesante, y ahí estoy de acuerdo contigo que los festivales tienen una responsabilidad. Una responsabilidad de poner el foco en un tipo de cine que si no fuera por ellos probablemente no llegaría aquí. Por ejemplo, El hijo de Saúl hace dos años... ¡Lo que supuso esa película en Cannes, que fue una bomba! Película de un país del Este, ópera prima, nadie la hubiéramos visto si Cannes no la enseña y todo el mundo sale diciendo ‘¡qué es esto!’.

Creo que esta globalización nos permite acceder a cosas que antes era más complicado. Es verdad que, ahora, ¿cómo discernimos que es lo más o menos interesante? Eso es más complicado porque la oferta es mucho mayor. La oferta es una auténtica locura, es imposible llegar. “Todo el mundo antes de emprender la batalla por organizar una película lo que hace es saber si el interés de esa película lo puede encontrar antes y puede motivar a la gente para que la pueda ver”.

Desde sus respectivas posiciones profesionales, ¿cómo abordan la tensión entre “séptimo arte” e industria, entre creatividad y producción de bienes de entretenimiento?

J.L.R.: Yo soy sobre todo alguien que me gusta ver películas, que me gusta que me cuenten historias. Yo trabajo en esto porque el cine me gusta por eso, por lo mismo que me gusta leer y escuchar música. Soy un programador y como programador, a priori, lo que más me interesa es el contenido de la película. Pero es verdad que ahora como director de un festival como el de San Sebastián, veo que van juntos... Es que yo creo que no son incompatibles. Obviamente hay películas que ponen el foco en su interés, y hay otras que ponen más en el negocio, pero creo que hasta la película más radical en el fondo busca un público, le gustaría que la vieran miles de personas, por eso creo que no son incompatibles.

Creo que a veces —yo lo he dicho más de una vez— desde el punto de vista de la población cinematográfica y de la cultura nos hemos hecho daño a nosotros mismos, porque parece que lo cultural tiene que ser algo puro que no puede mezclarse con el negocio o con elespectáculo. ¿Por qué no? Es decir, hay mil posibilidades. ¡Ojalá la cultura más interesante, incluso la más radical, generara un beneficio económico! Ese es el objetivo último también, no solo generar un discurso y contar una historia. A veces no puede ser y tiene que haber películas, obviamente, que deben sostenerse con dinero público, con muy pocos espectadores, pero no son incompatibles. A mí como director del festival de Donostia me encanta que haya una parte de negocio, por eso creamos actividades de industria, foros de coproducción, etc., etc. Y luego también hay apuestas obviamente culturales, cinematográficas que sabemos que no tienen ninguna posibilidad de rentabilidad. Creo que no son incompatibles, que pueden coexistir desde el punto de vista del programador.

J.A.: A mí me parece que el séptimo arte y la industria son absolutamente compatibles. Quiero decir que una idea necesita de unos medios determinados y necesita la puesta industrial detrás para que esa idea cobre un valor fantástico. Y precisamente porque necesita de determinados medios, ahí está la industria para arroparlo. Me parece absolutamente esencial. Esa idea equivocada para mi gusto, efectivamente: “la pureza de un mensaje cinematográfico”, que pueda requerir de alguna forma la ausencia de medios industriales potentes, etc. Hombre, puede ocurrir en algún caso pero es excepcional. Siempre creo que necesita de los elementos para que cobre un valor visual potente, normalmente en un porcentaje altísimo. Yo creo que el séptimo arte —llamado así por lo que fuera, por un acento romántico de una determinada época— y la industria son dos cosas absolutamente compatibles y diría que necesarias.

J.L.R.: Fíjate, hablábamos al inicio de la entrevista por ejemplo de El hijo de Saúl, de la película que fue un gran éxito en el Cannes de hace dos años. Ya no solo unos medios para poder hacerla, sino luego, como decías tú, para que se pueda ver: detrás hay un agente de ventas que apuesta por la película y una inversión económica. Porque por muy interesante que sea una película, una vez hecha si se queda en un cajón tampoco tiene ningún sentido. Entonces tiene que haber detrás todo un aparato que supone industria de diferentes niveles, desde lo que es un agente de ventas internacional, desde lo que son los distribuidores y lo que es un festival. Detrás de un festival hay una empresa, con unos objetivos económicos, no solo culturales, con un funcionamiento como empresa. Alrededor del cine en todos los procesos hay una parte industrial, pequeña, grande, pero siempre la hay, y yo creo que el objetivo final de una película es que se vea. “Obviamente hay películas que ponen el foco en su interés, y hay otras que ponen más en el negocio, pero creo que hasta la película más radical en el fondo busca un público, le gustaría que la vieran miles de personas, por eso creo que no son incompatibles”.

Se dice que actualmente el talento y la innovación se han trasladado a la producción televisiva. ¿Comparten este juicio?

J.L.R.: Yo voy a ser muy breve. No comparto esta especie de teoría que hay ahora de que la televisión es mejor que el cine, no lo comparto. Creo que hay una televisión muy buena, de mucho nivel, creo que vivimos un buen momento de televisión pero también creo que hay mucho cine muy bueno. Es decir, creo que son perfectamente compatibles y no creo que uno esté sustituyendo al otro, no estoy de acuerdo. También hubo otra época dorada de la televisión en los años 60-70 que convivió de alguna forma con el cine y creo que ahora es lo mismo. Obviamente, ahora con todo el tema de las plataformas, de cómo es el negocio del audiovisual hay una serie de espacios para rentabilizar muy bien lo que son las series, lo que son los productos televisivos, por eso se produce con más medios, con gente de más talento. Yo creo que los talentos están en el cine y están en la televisión, no creo que uno esté fagocitando al otro.

J.A.: Yo también comparto la idea de que tanto en la televisión como en el cine se ven obras majestuosas y desastres totales, o sea que... Lo que pasa es que en la televisión en este momento, por lo que sea, se ha creado una campaña de alguna forma... que igual está sustentada por los celos de la televisión como un género menor respecto al cine, lo cual siempre me ha sorprendido. La televisión siempre te podía dar exactamente lo mismo, lo que pasa que jugaban con otros presupuestos: esa ha sido la clave, que en un momento determinado se hace el estudio de quiénes ven más cine o cómo está la televisión y hasta qué punto la publicidad audiovisual puede soportar determinadas series televisivas. Y eso es lo que ha hecho que la televisión con muy buenas ideas y con muy buen presupuesto sea espectacular, tan espectacular como el cine en muchísimos aspectos. ¿Comparable?, ¿decir que mejor, peor, etc.? Eso a mí no me parece adecuado. “Yo también comparto la idea de que tanto en la televisión como en el cine se ven obras majestuosas y desastres totales”.

Las grandes figuras del cine, “mitos” y “estrellas”mundialesque ejercen tanta fascinación y deseo de imitación, ¿cómo se ven desde las distancias cortas?

J.A.: Efectivamente, a lo largo de los años y a lo largo de numerosos proyectos te encuentras con el roce y la cotidianidad de estar trabajando con estrellas importantes. A mí siempre, siempre me ha ocurrido —siempre hay alguna excepción— que las estrellas que coinciden contigo cuando están en el máximo nivel son las que están más a gusto, disfrutan, ofrecen más facilidades... Y tengo una experiencia con ellos en cuanto que me han ayudado, y en cierta forma les he ayudado, es una manera de hablar. Quiero decir que ha habido una buena comunicación. También ha ocurrido que te encuentras con un actor mediocre, o que está en un momento delicado, o con una mujer que ha cruzado el umbral de los 50 y cree que la fotografía puede solucionar —yendo a casos concretos— sus problemas físicos, arrugas, etc., y te pide que tengas mucho cuidado... A veces suele ser un auténtico tormento.

Esa relación con los grandes y los monstruos depende en qué momento se encuentren, cuál es la circunstancia personal de ellos y depende de la película, depende del papel que tengan en esa película, depende de la fe que tengan en esa película. Por ejemplo, Nicole Kidman en Los otros... ya después de tanto tiempo uno puede hablar con cierta libertad y puedo decir tranquilamente que Nicole no creía en la película y, claro, eso supone una actitud que no solamente se refería conmigo sino con el resto, con el director... Siempre estaba en contra de hacer ciertas cosas o ponía determinadas pegas. Si Nicole, que por otra parte a mí me pareció fuera de la película una chica sensacional, etc., estuviera absolutamente de acuerdo con esa historia, con esa idea, con su participación, etc., obviamente tendría otro carácter y estaría todo el mundo feliz.

También estás en proyectos en que los actores van por otra motivación, posiblemente económica, y no les importe, y todo eso se nota. Pero, bueno, por otra parte mi “tesis”, entre comillas porque es imposible que eso sea demostrable, es que los grandes son los que mejor se portan en general.

J.L.R.: Mi experiencia es muy diferente, porque tú convives con ellos en un periodo más largo y además con mucha más implicación y conexión. Nosotros/yo estoy con las estrellas 48 horas o cinco días como mucho en algunos casos, que es lo raro, porque vienen haciendo giras. Yo no soy un mitómano y de hecho a veces no me gusta conocer a aquellos que más adoro porque me da miedo. Mi experiencia en estos seis años como director, que puedo haber conocido a 25-28 estrellas-estrellas (hablamos Hugh Jackman, Sigourney Weaver, Denzel Washington, etc., etc.), mi experiencia es buenísima y comparto totalmente lo que dices. Es decir, con las grandes estrellas no hemos tenido ningún problema, con ninguno, nadie nos ha pedido nada raro. Sin embargo, a veces te encuentras con alguien que hasta yo he tenido que preguntar quién era, que es famosa por una serie de televisión, que te está haciendo unas peticiones demenciales...¡ Pero esta quién es! Es verdad que normalmente la gente grande no te suele dar problemas. Mi experiencia en general ha sido muy buena, y hay algunos que los he adorado: Glenn Close o Sigourney Weaver me han hecho volverme un poco más mitómano. Mi experiencia ha sido tan bonita que me he vuelto un poquito más mitómano por ejemplo en estos dos casos.

Luego, las experiencias determinan mucho, es decir, si de pronto tú metes la pata —que nos pasa a todos, un festival es grande y metemos la pata cualquiera—, y se encuentran incómodos desde el principio, eso cambia; pero como nos pasa a cualquiera de nosotros cuando nos invitan a un festival o a cualquier sitio.

Por lo tanto, yo sí que compartiría contigo que los grandes actores y actrices para mí han sido maravillosos y que creo que son humanos y depende también en qué circunstancia se mueven en cada situación. Como decías, el que hace una película por dinero no está igual de implicado como el que lo hace porque cree en el proyecto, el que viene a San Sebastián con una película que adora no viene igual que el que viene porque tiene un contrato con la major de turno y no le queda más remedio que venir por una película que no le gusta, que también hemos tenido ese tipo de gente. En general, mi experiencia es muy buena, sinceramente mucho mejor de lo que pensaba que iba aser cuando cogí el puesto de director, pensaba que iban a ser mucho más complicados. Muchas veces son mucho más complicados los agentes, las negociaciones previas, pero una vez que vienen la mayoría son muy encantadores, son gente normal, normalmente muy inteligente.

J.A.: Así es. “Mi experiencia en estos seis años como director, que puedo haber conocido a 25-28 estrellas-estrellas es buenísima. Es decir, con las grandes estrellas no hemos tenido ningún problema, con ninguno, nadie nos ha pedido nada raro”.

¿Cómo ven el cine hecho hoy por vascos/vascas? ¿Qué necesitaríamos para poder avanzar más?

J.L.R.: Yo soy muy optimista. A mí me toca ver un poco toda la producción año tras año del cine vasco... y creo que Loreak ha marcado un punto de inflexión...

J.A.: Sí, Loreak es espectacular.

J.L.R.: Ahora, aprovechando las nuevas tecnologías, hay un montón de gente joven haciendo cosas interesantes. Somos un país muy chiquitín pero el año pasado yo igual he visto 30 o más películas hechas en Euskadi y yo diría que 8 o 10 interesantes, a veces más modestas, a veces menos modestas. Creo que empieza a haber una generación que sigue haciendo cosas —digo producidas aquí—, y empieza a venir gente joven haciendo cosas diferentes. Pero luego, obviamente, los cineastas vascos estáis por todo el mundo, es decir, que realmente creo que ese cine que creasteis algunos en los 60-70 ha dado unos frutos increíbles. Lo que pasa que estáis por todo el mundo, el mundo es globalizado también para eso. Fíjate en Madrid cuántos no sólo directores, guionistas, cuántas maquilladoras tenemos, cuántos vestuarios, cuánta gente interesante se ha diversificado de aquellos que hacíais “Ikuskas” y que estabais ahí en ese comienzo del cine vasco. Yo creo que el cine vasco ha sido muy fértil, lo que pasa que no se ha quedado aquí, porque es imposible, esto da las posibilidades que da y se podrá avanzar pero... Yo me siento muy orgulloso que cineastas vascos estéis en Estados Unidos, creo que es bueno para nosotros como país. Yo soy optimista y creo que vivimos un momento de mucha creatividad.

J.A.: Me alegro de que me cuentes esto de esta forma y que me digas que se están haciendo cosas porque yo lo desconozco, llevo mucho tiempo fueray no sé exactamente lo que se mueve, y por lo tanto no tengo elementos.

J.L.R.: Yo creo que se están haciendo cosas, y que el año que viene va a ser un año interesante para el cine vasco. Hay algunas películas que se están terminando, otras que se están haciendo y espero que algunas se vean en San Sebastián y otras tengan paso previo internacional. Yo creo que no es mal momento. Insisto, somos muy pequeñitos, tenemos que ser conscientes de lo que somos como país, como País Vasco, como Comunidad Autónoma, para lo chiquitines que somos creo que podemos estar orgullosos...

J.A.: Qué bien, qué bien, lo aplaudo absolutamente. Realmente no conocía esta crónica tan próxima de cómo está el cine vasco y la proyección que tiene y me alegro infinitamente. Javier Aguirresarobe y José Luis Rebordinos.Javier Aguirresarobe (Eibar, 1948) Tras titularse en Óptica e iniciar estudios de Periodismo, en 1972 se gradúa en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid. Destacado creador de imagen en el cine vasco de los ochenta, en su larga filmografía se cuentan títulos de Imanol Uribe, Montxo Armendariz, José Ángel Rebolledo, Juanma Bajo Ulloa, Víctor Erice, Julio Medem, Fernando Colomo, Pilar Miró, Gonzalo Suárez, Ricardo Franco, José Luis Cuerda, Mario Camus, Carlos Saura, los hermanos Trueba, Pedro Almodóvar o Alejandro Amenábar. En su etapa americana ha trabajado a las órdenes de Milos Forman, James Ivory, Woody Allen y Chris Weitz, entre otros. Premio Nacional de Cinematografía (2004). 6 Premios Goya a la Mejor Fotografía (1991, 1995, 1996, 2001, 2003, 2004). Premio Vasco Universal (2009). José Luis Rebordinos (Errenteria, 1961) Licenciado en Pedagogía Especial. Director del Festival de Cine de San Sebastián desde 2011. Durante más de veinte años dirigió la Unidad de Cine de Donostia Kultura y la Semana de Cine Fantástico y de Terror, y durante ocho el Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián. Ha publicado ensayos en torno a cineastas vascos como Elías Querejeta, Montxo Armendáriz, Antxon Eceiza, Julio Medem, Javier Aguirresarobe, etc., así como sobre cine asiático y otros temas relacionados con el mundo de la cinematografía. Durante 22 años dirigió la colección de libros Nosferatu.
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