Urteko galdera

Arantxa Ugartetxea / Pedagoga

2016/02/24

Arantxa Ugartetxea / Pedagoga

Educar es transformar

Pensador de la praxis, pensador itinerante, pensador de la totalidad, Freire trató de evitar, en todo momento, el corsé de acero que la "especialización" alienada propone al intelectual. Torres Nova, C. Entrevistas con Paulo Freire. Ediciones Gernika, México, 1977 Al pensar en educación acuden a mi memoria una secuencia de momentos pedagógicos unos más largos que otros en los que se ha ido desarrollando parte de mi vida hasta el día de hoy. Descubro en este recorrer mental de mi existencia aspectos educativos muy agradables, otros no tanto pero sobre todo esos que han marcado mi forma de ser con la energía necesaria para seguir adelante a pesar de todo. Yo creía y creía firmemente que la adquisición de conocimientos era lo más importante de la educación sin darme demasiada cuenta de que el regazo en el que reposaban dichos conocimientos era mi propio campo emocional. Hoy día considero que mis deseos se han ido convirtiendo en sabidurías personales descubiertas y también adquiridas, pudiendo de esta manera caminar por la vida sintiendo la ternura intelectual que me ayuda a permanecer en esa especie de constante transformación. Nunca he creído demasiado en programas ni sistemas educativos aunque comprendo que son necesarios, como tampoco en la excesiva importancia que se les da a las titulaciones. Sí en ese encuentro insustituible entre la o el que ha recorrido más en el camino de la sabiduría y la o el que está comenzando a experimentar su existencia. Creo en el encuentro interpersonal mediado por el conocimiento y la vida me ha enseñado que en cualquier circunstancia, sistema o condición puede darse el encuentro transformador entre la persona que enseña y la que aprende. La cuestión está en el cómo se realiza el encuentro, es decir en la sensibilidad pedagógica que arrope ese compartir del conocimiento. Existe en el sistema educativo un espacio peculiar y entrañable para mí que es el aula, la clase, esas cuatro paredes que nos convocan a un encuentro extraordinario de personas que buscan la sabiduría profesional. De nosotras y nosotros depende que se convierta en un espacio transformador o no. No existe convocatoria más extraordinaria que esta llamada al encuentro entre iguales, diferentes y acomodados. Es un espacio de poder como ninguno para bien y para mal en el que deberíamos todas y todos despojarnos de nuestras fijaciones para aventurarnos en la búsqueda conjunta de aprender algo más en alguna cosa. El conocimiento no es posesión de nadie está ahí para ser descubierto e integrado personalmente. En este espacio privilegiado del aula el silencio indirectamente programado empobrece no pocas veces la riqueza del propio conocimiento. La palabra de las y los que consideramos que desean aprender sobre cualquier materia generalmente no se escucha, no se llega a leer el primer texto elemental abocado a ser leído que es la educanda o el educando. La educadora y el educador son desconocedores del caudal de sabiduría que portan las personas que asisten a la clase y mucho menos de sus sueños, aspiraciones y dificultades reales. No se es consciente de la experiencia tan extraordinaria de ese momento en el que la clase entera camina hacia un conocimiento que se hace común entre tanta diversidad personal en un contexto inusual pero ya reciclado en nuestra cotidianidad. Saber leer el aula en su contexto dejando expresarse y decir a las personas que lo integran es fundamental para poder aterrizar el vuelo del conocimiento que nos traemos entre manos. urteko201606_01 Esta es la manera de llegar a la conciencia crítica que deberá favorecer una educación transformadora. Hay que salir del acomodo que supone el "vamos a dejarlo como está para ver cómo queda", de la creencia mágica de que "la educación todo lo puede", del ingenuo "encorsetamiento intelectual" y del "silencio indirectamente programado". Alguien podrá pensar que esto no es factible en la realidad. Esto era y es lo que en más de una ocasión me ha tocado escuchar en los diferentes espacios educacionales en los que me he movido. Pero contra todo pronóstico inmovilizador la pedagogía del profesor brasileño, considerado en ocasiones erróneamente como un Ché de la pedagogía, me devolvió la palabra paterno-materna, la social y la del encuentro en el aula en sus dos versiones: oral y escrita. Entendí que en la pre-posición "con" está la fuerza de esta visión educativa y he procurado, desde el encuentro en el aula con el profesor brasileño, mantener la lucidez suficiente como para sentirme educadora-educanda, entendida como una sola palabra, en los diversos encuentros pedagógicos de los que he formado parte. Estaba yo, en aquel entonces, tan llena de esquemas, de métodos, de teorías, de esfuerzos didácticos... tan emperifollada... y tan atravesada por una educación autoritaria que solo consideraba importante sentirme reconocida en el aula hasta que comprendí que ese reconocimiento no es exclusivo de la perfección en los trabajos realizados sino que va mucho más allá. Está en CÓMO se han realizado dichos trabajos si desde la exclusión dialógica o la inclusión relacional, es decir no solo PARA sino CON, dicho de otra manera, si están realizados desde el INDIVIDUALISMO ESTRUCTURADO o desde el ENCUENTRO DIALÓGICO. Es posible y muy reconfortante experimentar una didáctica en la que partiendo de la investigación del "universo vocabular (verbal)" utilizado por las educandas y educandos llegar al contenido semántico existencial de lo que se quiere tratar. Para desde esta interpretación lingüística "tematizar", elaborar el temario a analizar y finalmente "problematizar" viendo las dificultades y las posibilidades en la práctica para así aventurar posibles soluciones que nos lleven a un más allá del más acá, es decir a saber y actuar más en alguna cosa. Estos tres momentos pueden experimentarse en un orden diferente según las circunstancias. Se puede partir del problema, tematizarlo y ponerle nombres con contenidos de la actualidad. Lo mismo que se puede partir del tema a tratar, dotarlo del contenido semántico contextualizado y problematizarlo. De la misma manera que cada momento práctico puede flexibilizarse en el tiempo y el espacio siempre al servicio de una mejor adquisición del conocimiento que nos traemos entre manos. La dinámica grupal favorece esta práctica ayudando a reconocernos como sujetos activos en la búsqueda y adquisición del conocimiento. urteko201606_02 Sigo recurriendo a la sensibilidad pedagógica de Paulo Freire porque esta pedagogía va más allá de la pura transmisión del conocimiento, denuncia la denominada "educación bancaria", esa que entiende el quehacer de la misma como el depositar sabidurías en los que no las tienen. Es una pedagogía que se acerca a la ciudadanía, se deja tocar por los problemas populares para poder responder con conocimientos reales, evitando exclusiones, marginaciones y dependencias mercantiles que nos esclavizan. Considera que los sujetos sociales pueden desarrollar educaciones que ayuden a superar injustas desigualdades. Es hora de apostar por el diálogo entre la ciencia y los actores sociales, de una conquista no posesiva del conocimiento y de enfrentar las dificultades como posibilidades. Somos seres de transformación y no de acomodación. Estamos ante el reto de transformar nuestras prácticas educativas sin achicarnos, ante un claro intento por transmitir que el acto de conocer es un acto solidario en sí mismo y por lo tanto cargado de existencias humanas. Liberar a la opresora o al opresor y a la oprimida o al oprimido que nos habita es tarea educativa. Existen multitudes silenciosas estructuralmente silenciadas. Prohibidas de estar en su propia tierra, en su propio mundo y hasta en su propio cuerpo. Ciudadanas y ciudadanos sintiéndose huéspedes de otras supuestas identidades o viviendo de un falso préstamo identitario. Necesitamos re-aprendernos y auto-reconocernos. urteko201606_03 Sin ser sujetos activos en la propia práctica educativa es más difícil sentirse ciudadana o ciudadano responsable. Desde el comportamiento democrático en el aula debemos caminar hacia la democracia radical ciudadana. La construcción de la polis se sustenta en la comprometida construcción personal mediatizada por la práctica responsable de una sociedad más justa y más democrática. Es la pescadilla que se muerde la cola. La política invade nuestra cotidianidad ciudadana querámoslo o no, ignorarlo o no valorarlo suficientemente puede ser la causa de una educación alienadora. La politicidad de la educación implica disciplina, es decir experiencia de límites, conocimiento experimental del juego contradictorio autoridad- libertad y no prescindir de una sólida base ética. Saber que no hay disciplina en el inmovilismo y que tampoco hay disciplina sin libertad. Este movimiento incluye el ejercicio del sí y del no y este movimiento es precisamente el instrumento necesario de la libertad. Estas idas y vueltas del sí y del no, debe acompañar la educación asumiendo la autoridad y existenciando la libertad. No se rompen las cadenas que no nos dejan ser, con la paciencia del exclusivo buen comportamiento, hay que movilizarse y organizarse con conciencia crítica. Saber educar es aprender-enseñar a humanizar, siendo esta nuestra ontológica esperanza. Guardo un agradecimiento especial a todas y todos con los he compartido encuentros pedagógicos, las y los que me han ayudado en la transformación personal que hasta el día de hoy experimento, ellas y ellos son la confirmación de un sí rotundo a la educación en su sensibilidad más tierna que es la PEDAGOGÍA.
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