Jone Karres Azurmendi. Co-directora del documental Alardearen seme-alabak: La clave ha sido empatizar con quienes han sufrido, escucharnos unos a otros y entendernos

2013-09-18

SILLERO ALFARO, Maider

SILLERO ALFARO, Maider

“Alardearen seme-alabak” ("Los hijos del alarde") es el primer documental de Jone Karres. En él analiza el conflicto generado por la participación de las mujeres en los alardes de Irun y Hondarribia, desde los primero años hasta la actualidad. El film se estrenó el pasado abril en el Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián, lo hemos podido ver estos días en las salas de cine y lo podremos ver en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, Sección Zinemira, los días 24 y 25 de este mes.

¿Cómo han planteado el tema del Alarde en el documental Alardearen seme-alabak?

Queríamos empezar contando qué es el Alarde desde cero y para ello era muy importante mostrar el sentimiento que tiene por el Alarde la gente del lugar; eso lo hemos transmitido al principio. Luego, se cuenta qué es lo que históricamente se conmemora y a continuación la composición del Alarde. Es decir, el general, los hacheros, el rol de las cantineras a lo largo de la historia, etc.

En la segunda parte entramos de lleno en el tema mostrando cómo empezó la participación de la mujer: las encuestas del principio, los pasos dados con las instituciones y los ayuntamientos, lo ocurrido históricamente, mostrando desde el principio cómo se forma el conflicto. Se ve lo ocurrido año a año utilizando imágenes de archivo de EITB y de la Fundación Euskomedia.

Además de utilizar imágenes de archivo estos dos últimos años han realizado grabaciones in situ, tanto en Irun como en Hondarribia.

Por un lado, contamos cronológicamente lo ocurrido desde el comienzo en 1996 hasta el año 2000. Aquellos primeros años fueron muy duros y creo quelas imágenes reflejan a la perfección lo ocurrido. Por otro lado, han sido muy importantes las entrevistas realizadas con los protagonistas: las que fueran Capitanas de la Compañía Jaizkibel, Ixabel Alkain y Garoa Lekuona, la Generala del Alarde Mixto de Irun, Ainhoa Ruiz de Arbulu, y los familiares de todas ellas. Es decir, he recogido los testimonios de quienes han vivido el problema desde cerca. En 2011 y 2012 hemos estado grabando los días del Alarde, por lo tanto, hemos querido mostrar tanto el proceso como la coyuntura actual, la sincronía y la diacronía, poniendo en perspectiva, además, posibles opciones para la solución del conflicto.

Es cierto que el espectador percibe muy bien la tensión de esos primeros años. El Alarde es una fiesta muy especial para los iruneses y los hondarribitarras, la viven desde muy dentro.

Así es. Al mismo tiempo dicen que los foráneos no podemos entender el sentimiento del Alarde, pero yo lo pongo en duda. En muchos sitios hay fiestas y rituales, por ejemplo, en Donostia tenemos la tamborrada que es algo que yo siento mucho. No es la misma fiesta, es cierto, pero ese sentimiento de las fiestas de pueblo también lo tenemos los demás, y por eso pienso que los de fuera también podemos entender, de alguna manera, lo que sienten por el Alarde. Al mismo tiempo, el Alarde es un ritual con una función simbólica muy grande. Como subraya la antropóloga Maggie Bullen en el documental “parece que el ritual queda totalmente al margen de la vida cotidiana, pero sin duda está muy unido”. Como en otros elementos comunes de la cultura, la división de poderes de la sociedad se refleja en los desfiles de las fiestas de los pueblos, en un sitio y en otro.

No sé si las fiestas son comparables, en Donostia las mujeres empezaron a salir tocando en la década de los 80 y hoy en día su participación es natural. ¿Qué ha pasado en Donostia que no haya pasado en Irun y Hondarribia?

Creo que el papel del ayuntamiento ha sido clave. Por lo visto las administraciones tomaron decisiones a favor de que las mujeres entraran en las tamborradas, por ejemplo, dando subvenciones. El comportamiento de los gobiernos y las decisiones políticas suelen tener mucho efecto en estos casos.

Con esa medida de regular la participación, de alguna forma, se da un paso adelante y aunque en un principio se crearan resistencias, con el tiempo la gente se acostumbra. Aquí, en Donostia, se responsabilizaron, y en Hondarribia e Irun no ha sucedido eso, por lo menos hasta la fecha. Todo lo contrario. De alguna manera, en la película eso se ve. Los políticos y los administradores no han querido ser entrevistados. En el Alarde de este año el alcalde de Hodarribia ha dicho en televisión que el Alarde no es un día para manifestarse, a pesar de que este año la Compañía Jaizkibel no ha salido a modo de manifestación. Si los ayuntamientos y los alcaldes no ayudan... será muy difícil. Aún así, he de decir que este año se han dado avances. He estado en Hondarribia y aunque las tensiones continúan, se ha vivido de manera más relajada. Por desgracia el problema sigue estando vigente.

Los últimos años Jone Karres ha estado dedicada al documental Alardearen seme-alabak.

En el documental se dice que este problema no es exclusivo de los habitantes de Irun y Hondarribia, sino que es responsabilidad de toda la sociedad.

Es algo a solucionar entre todos. Por un lado, por los participantes, por supuesto, pero también los ciudadanos, las organizaciones, las instituciones, etc. En cualquier entendimiento el diálogo es importante, y la voluntad imprescindible, por eso es un problema duro que algunos participantes no quieran hablar. En nuestra película, el historiador Xabier Kerexeta dice que lo que ha pasado con el Alarde no es el problema, sino el síntoma; ese conflicto nos demuestra que en nuestra sociedad hay temas por solucionar. Por desgracia, algunos quieren que la igualdad de género se vea apartada en el ámbito sagrado y sinbólico. Sin duda, el problema también se da en otros lugares y otros rituales. Al final, ese es el peso que tiene el actualizar las tradiciones.

¿Las mujeres a las que han entrevistado, aquellas que decidieron participar en el Alarde los primeros años, pensaban que su decisión traería semejantes consecuencias?

Para nada. Al empezar una cosa así no esperas eso. Además la decisión nació desde el sentimiento de participar. Simplemente querían participar en las fiestas de sus pueblos y nadie podía ni imaginar las consecuencias. Tenían un punto de inocencia. De haberlo sabido quizá se hubieran echado atrás, pero una vez empezado, decidieron mirar al frente.

¿Acaso la mayoría de quienes están en contra del alarde mixto son mujeres? Al menos, al ver el documental da esa impresión...

José Ramón Otaegui, la única persona a favor del Alarde Tradicional que ha participado en el documental dice que eso es así porque la mayoría de las espectadoras del alarde son mujeres. De hecho, por tradición son las mujeres las que están viendo el Alarde en las aceras mientras los hombres desfilan. Las mujeres son el apoyo de la tradición. Además, es muy difícil ir en contra de la mayoría porque debes replantear tu ideología y tu manera de vivir. Entonces, ¿qué hacen la mayoría de mujeres y hombres? Lo más fácil, seguir como hasta el momento para no entrar en conflicto con el entorno. Y aquí tenemos otra parte de la explicación.

El cartel del documental.

Ahora que menciona los conflictos, algunos que han mostrado en el documental son muy duros... Realmente es sorprendente que suceda eso.

Algunos han llegado a decir que ha sido como una guerra civil no declarada, y por eso es tan doloroso. Lo que la Guerra Civil no consiguió, separar amistades y familias, por lo visto lo ha conseguido el conflicto del Alarde, y eso es muy duro. El pueblo se ha dividido. Probablemente las cosas estén cambiando poco a poco, pero hay quien se ha tenido que ir del pueblo o quien ha perdido el comercio porque le han boicoteado. Son dramas personales. Los protagonistas del documental han sido muy valientes. Nos han abierto sus corazones y nos han llegado al corazón. Pero encima, hay más casos como estos.

¿Les ha costado encontrar gente que quisiera participar en el documental?

Hemos hablado mucho con quienes están a favor del Alarde tradicional, con algunos altos cargos, y hemos conocido su punto de vista, pero sólo uno ha querido participar en el documental. Por el contrario, con las dos protagonistas del Alarde Mixto, Garoa e Ixabel, no hemos tenido ningún problema, ya que habiendo sido capitanas estaban acostumbradas a hablar en los medios de comunicación. Además, nos han querido agradecer, también Ainhoa la otra protagonista, el haberles dado la oportunidad de contar esto en público ya que hemos humanizado el conflicto, le hemos puesto cara al problema. Creo que era necesario humanizarlo. Me han contado que ha habido personas que han cambiado de opinión tras ver la película.

Hemos dado a la gente la oportunidad de conocer el problema desde dentro y de tener su propia opinión y eso me indica que haber hecho la película ha merecido la pena.

De hecho, los medios de comunicación les ha hecho esa crítica, la de haber sido partidistas...

Es cierto que aparecen más opiniones a favor de la participación igualitaria de la mujer. Pero al mismo tiempo, eso es un buen indicador del problema, ya que nos muestra cómo está el tema. Algunos no quieren dialogar o encontrar la solución. Esperaba que esto no fuera así y haber encontrar más gente dispuesta a dar su testimonio, pero creo que sienten miedo de mostrar su opinión en público, porque entre iguales también sienten la presión.

Por supuesto, también hay mucha gente que se encuentra en medio, que está a favor de la tradición, pero quizá no tanto, o por lo menos quieren tranquilidad, que las cosas se normalicen. La mayoría de la gente quiere paz y tranquilidad, y no se posicionan ni a favor ni en contra. En realidad es una fiesta y debería ser alegre, un día importante que preparan durante todo el año.

¿Ha sido este su primer documental?

Sí. Con anterioridad había participado en cortos y en alguna cosa pequeña, pero esta película ha sido todo un reto para mí. Siempre he querido hacer documentales y cuando conocí el tema del Alarde pensé que era un tema para mí, ya que había trabajado con estos temas en una investigación en la Universidad: ritos, género y con fiestas vascas de por medio, ha sido un bonito reto.

¿En el proceso de realización cuál ha sido el aspecto que más le ha costado?

Siendo mía la idea original, necesitaba un grupo de trabajo para sacar el documental adelante, y tuve la necesidad de defender mi trabajo en el grupo. Los trabajos en grupo suele ser procesos largos en proyectos de este tipo, de años, y no siempre fáciles. Como cada uno de nosotros tiene una idea, es necesaria la negociación y como en todas las negociaciones se necesita un unto de asertividad.

Por otro lado, en esa búsqueda de testigos ha sido muy difícil encontrar personas que se posicionaran a favor del alarde tradicional. Además, el tema del alarde se ha politizado. Desde mi perspectiva y viéndolo con cierta distancia, me da pena ver cómo en el País Vasco muchos temas se politizan y eso no ayuda demasiado en la solución del conflicto.

Jone Karres nació en Madrid, pero ha vivido, ha crecido y se ha formado entre San Sebastián y Alemania.

¿Y qué camino va a tomar ahora Alardearen seme-alabak?

Desde que lo estrenamos en el Festival de Derechos Humanos de San Sebastián está siguiendo su curso. Hemos ido a Hondarribia e Irun a enseñar la película y, aunque no ha sido tarea fácil, lo hemos conseguido.

Creo que a algunas personas no les va a gustar ver esta película en la cartelera. Al fin y al cabo, no es agradable dar esta imagen del País Vasco. De hecho, ya ha estado un tiempo en las salas de cine. Otro reto ha sido hacer el documental también para un público internacional. He preparado los subtítulos en inglés y mi intención es llevarla al extranjero.

Ahora se podrá ver en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y espero que la vea gente de fuera. Ha sido un trabajo de muchos años y no me gustaría dejarlo parado.

¿Cuál era desde un principio el objetivo del documental? ¿Qué esperaban conseguir?

Primero entendí el problema. Después de reflexionar quise ponerle cara al conflicto y enseñárselo a la sociedad. La clave del objetivo es empatizar con quienes han sufrido, escucharnos unos a otros y entendernos. Por eso veía necesario dar la oportunidad de hablar a las personas que tuvieron y tienen problemas. En importante conducir la empatía. En el fondo son historias entre personas y todos somos capaces de entender el sufrimiento del otro. Sé que una película no va a solucionar nada, pero si ayuda a aclarar los conflictos, ya es algo.... esa era la idea. Nunca ha sido crear morbo, sino contar lo ocurrido con respeto. El objetivo era tratar las diferentes opiniones con respeto, y creo que lo hemos conseguido. Tenía claro que había que enseñar la realidad que se esconde detrás de los titulares de los periódicos, ya que sólo conociendo el dolor causado desde cerca se conoce mejor la cruda realidad.

Y en cuanto a los resultados he escuchado algunas curiosidades con mucho agrado. Te contaré una de ellas: por lo visto, se encontraron dos desconocidos en la calle y uno abrazó a otro: uno de ellos era uno de los protagonistas del documental, y el otro lo reconoció tras haber visto la película y le salió de dentro darle un abrazo por todo el sufrimiento. A pesar de ser desconocidos le ha demostrado solidaridad. Bonito, ¿verdad? Son pequeños pasos provocados por la empatía, pero así también se cambia la historia. Jone Karres Azurmedi (Madrid, 1972)Nació en Madrid, pero ha vivido, ha crecido y se ha formado entre San Sebastián y Alemania. De padre alemán y madre euskalduna habla en alemán, español, euskara, inglés y francés. Estudió Sociología, Ciencias de los Medios Audiovisuales y del Arte y Literatura Alemana en Konstanz y desde entonces trabaja en varios ámbitos: turismo, guía, periodismo, empresa y cultura.Desde el 2007 y hasta hace poco ha sido la secretaria técnica, coordinadora y adjunta a la dirección de Jakiunde - Academía de las Ciencias, las Artes y las Letras- . Ha dejado su trabajo en Jakiunde para emprender un nuevo proyecto. Los últimos años ha estado dedicada al documental Alardearen seme-alabak.
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