Arantza Jausoro. Presidenta de la Federación Vasca de Montaña: En cualquier parte del mundo, si vas a la montaña y dices que eres vasco, te toman por un buen montañero

2005-06-17

BREA, Unai

GARMENDIA IARTZA, Koro

La gasteiztarra Arantza Jausoro vive en el municipio vizcaíno de Ubidea, limitando con Álava. Con menos de 200 habitantes, tranquilidad y belleza envidiables, y rodeado de montañas. Gorbeia, por ejemplo, está a un paso. Un lugar apropiado para alguien que hace poco más de un mes ha sido designada presidenta de la Federación Vasca de Montaña. En cualquier caso, Jausoro pasa menos tiempo del deseado en el municipio, debido a las obligaciones inherentes al cargo. Pese a ser fin de semana, ha accedido a concedernos la entrevista. Hemos dado una agradable vuelta por el pueblo y nos ha recibido en su casa. La Federación Vasca de Montaña comprende en la actualidad a Álava, Bizkaia y Gipuzkoa. En su tiempo, también Navarra formaba parte de ella, pero finalmente se separó, aunque Jausoro asegura que mantienen buenas relaciones. La Federación que preside cuenta con cerca de 210 clubs; es decir, unas 25.000 personas. Un trabajo, sin duda, exigente.

Usted es la primera mujer que ostenta la presidencia de la Federación Vasca de Montaña, un hecho que los medios de comunicación han subrayado con insistencia...

Eso es bueno, porque contribuye a popularizar la Federación. Al cabo de unos cuantos meses ya nadie se acordará de ello, pero al principio fue un hecho muy destacado y positivo, en la medida en que prestigia la Federación.

¿De dónde procede su afición por el montañismo?

Llevo toda la vida yendo al monte. Ya de una forma más continuada, federada y como deportista, cerca de una docena de años, pero en plan familiar, con mis padres, desde pequeña.

¿Y cómo surgió su relación con la Federación?

Empecé a colaborar en la revista Pyrenaica, y poco a poco fui conociendo mejor la Federación. En cualquier caso, mi relación con la Federación se ha estrechado hace muy poco. Todo ha sucedido muy rápidamente, en el último año y medio.

¿Cómo llegó a ser candidata a la presencia? ¿Se presentó usted misma o...?

No, fue mucho más sencillo. Normalmente es el presidente cesante quien nombra a su sucesor, y así es procedió en este caso. Fue Antxon Bandres, el anterior presidente, quien me designó. En su opinión, una de las claves de cara al futuro de la Federación consistía en cambiar el perfil de la presidencia. En ese sentido, me propuso formar un equipo de trabajo y definir unos cauces para el futuro. A continuación, claro está, tuvimos que celebrar unas elecciones y obtener el consentimiento de la Comisión.

¿Cómo definiría el nuevo perfil de la Federación?

Es más joven y sabe moverse en ámbitos no meramente deportivos. Me refiero a que Antxon Bandres dominaba a la perfección el ámbito deportivo, dio un empujón definitivo al montañismo vasco, a la escalada deportiva, al esquí alpino, a las carreras de montaña... Su labor en este campo ha sido estratégica. Pero se buscaba a alguien que, además de saber moverse en el mundo del deporte, tuviera también conocimientos y experiencia en el campo de la gestión, que en una Federación es tan importante, o incluso más, que el conocimiento del deporte. En estos momentos, la Federación Vasca de Montaña tiene contratados a varios trabajadores, cuenta con dos oficinas (una en Vitoria/Gasteiz y otra en San Sebastián), tiene la sede de la revista Pyrenaica en Bilbao… Incluso tenemos infraestructuras en Francia, ya que recientemente hemos adquirido un refugio de montaña cerca de Luz Ardiden. Un grupo de trabajo que tenga que hacerse cargo de todos estos aspectos, tiene que saber manejar un presupuesto. Estamos hablando de unos 120.000 euros anuales.

¿En qué consiste su trabajo como presidenta?

Es un trabajo que depende del carácter de cada uno. En mi caso, por una parte llevo la gestión de la Federación, una labor dura y muy poco agradecida, que consiste en organizar y revisar todas las actividades de la Federación. Evidentemente, no todo el trabajo lo realiza el presidente personalmente, pero tiene que estar al corriente de todo lo que se hace. Y eso lleva mucho tiempo. Por otra parte, está el aspecto representativo. Suelo tener que acudir a las citas que requieren mi asistencia.

Antes de dar comienzo a la entrevista, me comentaba que ejerce como presidenta durante las 24 horas del día. Pero también desempeña un trabajo...

Sí. A las ocho de la mañana, cuando llego a la oficina, miro el correo y atiendo todas las peticiones o consultas que necesitan respuesta. Luego me pongo a trabajar en mis asuntos. El mediodía se lo dedico a la Federación, y también a partir de las siete de la tarde, por supuesto.

¿Qué ventajas supone el federarse?

Hay que fijarse en su aspecto práctico. Cuando para desarrollar una misión se exige tener un seguro de accidentes, uno puede sufragarlo de su propio bolsillo, pero le resultará mucho más económico si lo comparte con otras 25.000 personas. Por otra parte, gracias al dinero que se obtiene a partir de las licencias, Euskal Herria se ha convertido en una potencia mundial de este deporte. Tenemos los mejores escaladores deportivos, los mejores alpinistas, los mejores expedicionarios, los mejores carreristas de montaña, etc. Y todo ello se financia, en parte, gracias a las licencias concedidas por la Federación. En tercer lugar, el hecho de poseer una licencia ofrece la posibilidad de aprovechar una serie de servicios: cursos más baratos, material cedido por el club... Hay deportes que no pueden practicarse sin estar federado. A la montaña, sin embargo, puede ir cualquiera, esté o no federado, pero lo más sensato, al menos para quienes vayan con regularidad, es federarse.

Afirma que Euskal Herria es una potencia mundial. ¿Por qué razón?

En primer lugar, porque formamos parte de la Federación Internacional de Federaciones de Montaña como Federación Vasca además, hecho que nos da un peso que otros deportes no tienen. En segundo lugar, porque en Euskal Herria pocos deportes tienen tanta repercusión internacional como el montañismo. Es un deporte que ayuda a localizar Euskal Herria en el mapa. En tercer lugar, por el número de federados. Tenemos un ratio muy importante, comparable al de otros países de Europa, mucho mayor que el del estado español, que es muy bajo. Y, por último, por el elevado número de vascos que suben ochomiles, el número de escaladores que abren vías de gran dificultad, etc. Nos comparan con Eslovenia, un país mundialmente considerado como una importante potencia. En cualquier parte del mundo, si vas a la montaña y dices que eres vasco, te toman por un buen montañero.

En el ámbito político, ¿les causa muchos problemas el pertenecer a la Federación Internacional?

Por ahora no. En la Federación de Montaña estamos españoles, catalanes y vascos. Obviamente, no todos tenemos la misma importancia, puesto que tenemos voz, pero no voto. Pero es mejor estar que no estar. De todos modos, no soy de la opinión de que tengamos que andar por delante de los políticos, sino por detrás. Nuestra función no es hacer política, sino hacer lo que esté en nuestra mano para que los montañeros vascos tengan la mayor importancia posible a nivel internacional.

Una cosa es ir al monte, y otra ser montañero.

No estoy a favor de esa dialéctica: que si unos escalan, que si otros van al monte sólo por la mañana, que si van a comer el bocadillo... Todos somos montañeros. Lo que pasa es que el montañismo se manifiesta de diversas maneras a lo largo de cada etapa de la vida. A un joven de quince años, hoy en día, no le puedes pedir que haga una cima con un grupo de montaña, porque se aburre. Lo que le gusta es ir al rocódromo, practicar esquí de montaña... Es decir, hacer deporte y competir. Luego, cuando la gente va haciéndose mayor y tiene hijos, sigue yendo al monte, pero de otra manera: con la familia, los amigos... Y ese tipo de montañismo es tan aceptable como el del alpinista de veinte años.

Me refería más bien a si todos los que van a la montaña saben cómo deben comportarse en ella.

A la montaña hay que tenerle respeto. Nosotros pasamos por las montañas, pero éstas permanecen; por tanto, debemos respetarlas. Como también debemos respetar los recursos naturales. En mi opinión, los montañeros, los escaladores y los alpinistas son los más concienciados con respecto al medioambiente. Precisamente porque, cuando van al monte, lo que buscan es disfrutar. También hay muchos “turistas”, desde luego, pero no me estoy refiriendo a ellos.

¿“Turistas”?

Claro. Nosotros trabajamos compartiendo el espacio público, y lo respetamos, o al menos eso pensamos. Pero no todos actúan de la misma manera. En este sentido, creo que el estar federado indica una cierta implicación y responsabilidad ante este tema.

Antes ha aludido a la competencia, un concepto que, al menos aparentemente, no existe en la montaña. Con tal de competir, se compite contra uno mismo, o contra la montaña...

La Federación tiene varias secciones, y tres de ellas pertenecen a deportes de competición: las carreras de montaña, el esquí alpino y la escalada deportiva. La primera de estas secciones ha tenido un crecimiento impresionante. Hace poco se ha celebrado la prueba Zegama-Aizkorri, puntuable para el campeonato mundial, y ha contado con la participación de los mejores corredores de Europa. En el campo de la escalada, los vascos figuran entre los mejores escaladores del mundo: Josune Bereziartu, los hermanos Pou... En el resto de las secciones no se compite, pero son igualmente deportivas. En cualquier caso, no estamos hablando de fútbol. Aquí no se mueve tanto dinero.

El montañismo no tiene un código escrito...

No.

¿Un código no escrito quizás?

Sí. Uno se convierte en montañero con el paso del tiempo, mirando a los que le han precedido, normalmente en el seno de un club o sociedad. El montañismo no es un deporte que se practica en solitario; hay quien va solo, pero, en mi opinión, lo más bonito es ir con gente, con amigos, con la familia... Y ese código no escrito (sobre cómo comportarse en la montaña, qué precauciones hay que tomar para evitar accidentes, el tener que andar con cuidado...) se está transmitiendo cada vez más a través de la educación. De todos modos, la tradición, el que unos enseñen a otros, tiene todavía muchísima importancia.

Menciona el respeto y el tener que andar con cuidado. ¿Le parece que la gente se comporta de ese modo?

El mero hecho de pertenecer a la Federación supone asumir una responsabilidad. Y es que en la mayoría de los rescates suele haber gente no federada por medio. Es gente que va al monte muy de vez en cuando, o que practica el turismo activo que ahora se ha puesto tan de moda. Hoy te puedes encontrar en un refugio de alta montaña, a las ocho de la tarde y con un frío inmenso, a alguien en pantalón corto y zapatillas. Nadie le ha avisado que se encuentra a 2.500 metros de altura y que corre el riesgo de tener una hipotermia. Estas cosas pasan a diario en la montaña. Claro que si estás federado, o acostumbrado, o te has formado en un club, no te va a pasar nada de esto.

¿Está muy extendido el "turismo" al que hace alusión?

Sí. Es la dinámica que se ha impuesto: relación con la naturaleza, aventura-deporte... En la montaña vemos de todo. Hay mucha gente que va al monte sin haberse federado y anda estupendamente, pero la masificación incluye casos de todo tipo. En los Pirineos hay gente que anda de aquí para allá con una camiseta de tirantes y en zapatillas, y te preguntas: “Pero, ¿a dónde irá esta gente? ¿Es que no saben que a partir una determinada altura hay nieve?”.

Se habrá encontrado con más de una persona de estas características...

Sí, desde luego.

¿Y qué les suele decir?

Bueno, yo creo que hay que respetar a esta gente. En alguna ocasión he tenido que prestar ayuda –afortunadamente, jamás he presenciado un accidente-, y me he quedado con las ganas de decirles: “pero, ¿no sabías a dónde veníais?”.

En cualquier caso, en la montaña se respira solidaridad. Por poner un ejemplo, la gente se saluda, algo impensable en la ciudad.

Es una de las reglas no escritas del buen montañero: saludarse, compartir... Cuanto más lejos vaya uno, y más ascienda, más se estrecha esa solidaridad. Y, en segundo lugar, se respeta muchísimo a toda la gente que comparte ese espacio, sean buenos montañeros o no. El día que perdamos esa solidaridad tendremos que empezar a preocuparnos. En las altas montañas de Himalaya, por ejemplo, la gente se ayuda mutuamente, peligrando su plan de subir a la cima, o incluso su propia vida. Yo creo que esta actitud va a perdurar siempre, y es algo de lo que tenemos que mostrarnos orgullosos.

Dado que ha citado el Himalaya... parece que hay una pugna enorme.

Sí. Cuando uno trata de vivir de esto quiere ser el mejor, como en cualquier oficio; a ser posible, mejor que el que tiene al lado. Esa profesionalidad conduce a la competitividad, que no es algo malo. A mí me parece muy limpia.

Retomemos el tema de la masificación. En algunos montes, cuando sale un día bueno, se congrega más gente que en la Gran Vía de Bilbao. ¿Cómo reaccionan ante situaciones como ésa los montañeros federados?

Yo bien. Me produce una gran satisfacción ir al Gorbea un domingo por la mañana y verlo lleno de gente. Lo digo en serio.

¿Le parece que, poco a poco, la montaña se va deteriorando? Gorbea, por ejemplo, ¿está igual que hace diez años?

A mí no me parece que esté distinta. Puede que ahora esté mejor señalizada. Antes, si sabíamos por dónde había que subir, era porque anteriormente habíamos subido con alguien que lo sabía, pero ahora te indican cuál es el camino. En ese sentido, se ha perdido el afán aventurero. En cuanto al medioambiente, es evidente que la masificación, en ocasiones, origina problemas, pero una excesiva protección no nos beneficiaría. Al menos a nosotros.

¿Por qué?

Porque llegará un día en que ya nadie pueda ir al monte. Si se protege absolutamente todo, la montaña se convertirá en algo parecido a lo que vemos en esta foto [señala la imagen de un precioso paisaje que cuelga de la pared]. Es un lago de los Andes, maravilloso, pero que nunca podremos visitarlo. Entonces, ¿de qué nos sirve?

En tal caso, ¿no participa la Federación de Montaña en la gestión de los espacios naturales? ¿No interviene a la hora de decidir a qué zonas se puede acceder y a cuáles no?

No. Y si incumplimos alguna norma, nos ponen una multa, como a todo el mundo.

Pero, ¿ni tan siquiera les consultan?

A veces sí. Y, en ocasiones, nosotros mismos solicitamos que se considere nuestro punto de vista. De vez en cuando solemos tener algunos enfados.

Temas como el de la globalización, ¿resultan perjudiciales para el montañismo? ¿Le parece que se está perdiendo la cultura de ir al monte?

No. Me parece que ahora tenemos más cultura sobre la montaña, bien porque conocemos nuestra historia, bien porque hay cada vez más educación. Los jóvenes que practican escalada y van al monte tienen un nivel muy superior al que nosotros teníamos a su edad. A veces pienso que nosotros, cuando empezamos, éramos totalmente inconscientes, y que hacíamos cosas que hoy resultan impensables. La cultura del monte es hoy mucho más robusta.

En Euskal Herria hay mucha gente –o al menos varias personas- que viven en la montaña y de la montaña. ¿Qué opinan al respecto en la Federación? Les parece rara nuestra actitud. A ellos, cuando tienen un día festivo, lo que más les apetece es ir al cine o a un bar, pero de ninguna manera a la montaña. Aunque la relación es buena, nunca nos ven como un estorbo. El montañismo está muy enraizado en la cultura de este país. Cuestión distinta es que algunos mayores que siempre han vivido en la montaña y en el caserío, no quieran volver. Arantza Jausoro Marugan (Vitoria/Gasteiz, 1967) Licenciada en Sociología y Ciencias Políticas en la Universidad de Deusto, trabaja en una consultoría de Vitoria/Gasteiz. Es montañera desde pequeña, y muy aficionada al alpinismo. “También practico la escalada deportiva, pero más que nada por entrenarme”. Ha estado en los Andes, en los Alpes, en el Cáucaso..., pero tiene una espina clavada en su corazón: hasta ahora no le ha sido posible ir al Himalaya. “Las vacaciones me las dan siempre en agosto, y en esas fechas no se puede viajar al Himalaya, porque es la época del monzón”. El 13 de febrero del año en curso ha sido nombrada presidenta de la Federación Vasca de Montaña.
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